Dar lo mejor de ti
Dar lo mejor de ti
Voy
tarde de nuevo a clase. Siempre pasa una mierda en la autopista que lleva al
metro: un carro volteado, alguien bloqueando, lo que sea. Y ahí voy, apurado,
sin chance de desayunar. El profesor seguirá jodiendo con lo mismo: la
puntualidad. “Levántense más temprano”, dice el viejo hijueputa. Como si no
supiera que me levanto a las tres y media para llegar a su pinche clase.
Otra
vez el metro a reventar. Odio las horas pico. Algún día, cuando acabe la
carrera, tendré un trabajo decente, que me dé para comprar un carro y no tener
que aguantar esta mierda todos los días. Haría sentir orgullosa a mi mamá, y
hasta tendría tiempo para ayudarle con las compras. Pero ahora no tengo tiempo
de nada. La vida se me va aquí, apretado entre sudores y alientos de
desconocidos. Me asfixio. Pero lo que más me asfixia no es el metro, es ese
banco de avaro cobrándome las medicinas que el servicio médico no tuvo para mi
viejita.
Soy
fuerte. Tengo que dar lo mejor de mí. Esta mierda no me va a tumbar. Mi hermana
lo logró, ahora es enfermera. ¿Por qué yo no? Los funcionarios dicen que mi
municipio ni existe. ¡Qué va! Ven a verlo: existimos y resistimos. Somos duros,
lo mejor de lo mejor, capaces de aguantar cosas que los gomelos de Jabaquara ni
sueñan.
¡Mira
esa vaina! Otro idiota aplastando mi mochila. Si daño la compu de mi hermana,
me mata. Mis audífonos, mi música… eso es mío. Nadie me lo quita. Que digan lo
que quieran, ladrones, invisibles, lo que sea. Lo que somos es vivir. Resistir.
Estamos aquí, aunque les arda mirarnos. Creen que si no nos nombran dejamos de
existir. Se equivocan. Algún día se arrepentirán. Ella pudo, nosotros podemos.
Que
se queden con sus lujos que no sirven para nada. Yo tengo lo que necesito: mi
vieja esperando en casa, un barrio espectacular de gente trabajadora, un
destino que depende de mí, solo debes dar lo mejor de ti, en el barrio se come
mejor que es esos restaurantes pretenciosos, reímos mejor y más agusto. Eso es
suficiente. La vida me dio lo justo para resistir, y con eso alcanza.
Llegué
tarde otra vez. Ni modo. Mi parce me deja copiar y ese viejo hijueputa dejará
de joderme. Ya no soporto escucharlo hablar de las glorias podridas de este
país. Él no aguantaría ni un minuto en este tren apestoso. Lo miro por la ventana:
los carros atorados en atascos kilométricos. Me compadezco de ellos. Su vida
debe ser frustrante.


Comentarios
Publicar un comentario