Marcha lenta

Estimados pasajeros, la marcha de nuestros trenes será lenta

¿Qué día es hoy?

Unos metros más allá, la nueva calle no ha visto llover. Estoy empapado otra vez. No es como esas cascadas brillantes de las revistas. Esto es distinto, peor. Me oriné. Perdí los zapatos nuevos que había encontrado. Carajo. Empiezo de nuevo. Otra vez sin poder entrar a ningún sitio. Odio las miradas. Sí, mis pies son feos, pero no peores que los tuyos. Todos tenemos lo mismo, ¿no?

¡Cállate! Quiero dormir.

Las motocicletas impiden tener un buen sueño, he aprendido a ser tan receptivo como un gato. Otros despiertan con el canto de los pájaros; yo, con el rugir de motores que se parecen más a los gritos de mi esposa. ¿Estuve casado? Ya no estoy seguro. Los recuerdos se me escurren, no sé en qué momento empecé a perderlos como arena en las manos.

Hace unos días tenía un rincón que me gustaba: una estación de metro. El calor que subía de los túneles me recordaba a los abrazos de mi padre. Todo cambió. Ahora recibo el desprecio de los extraños. No sé qué hice para merecerlo. Este destino no lo elegí. Soñaba con vivir modestamente, pero vivir al menos. Cada vez somos más en las calles. Salir a buscar unas monedas es un pecado: cuando vuelves, tu sitio ya lo ocupa otro. Nunca fui bueno para los golpes. La calle me volvió duro.

Ya no me reconozco. El cabello se me volvió áspero, como cerdas de escoba. Aprendí a ignorar la picazón de mi piel. Mis pies se endurecieron. La felicidad es algo efímero; olvidé cómo se siente.

Bienvenido a mi mundo. Vivo con lo que hay. Mi único compañero es un peluche con forma de dinosaurio. Los amaba cuando era niño. Ahora es el guardián de mi memoria. A veces pienso que me robó la historia, que absorbió mis recuerdos. Somos hermanos de la misma madre, pero no recuerdo que a él lo golpearan con un plumón la maestra por no saber multiplicar.

Mi reloj es esta calle que pavimentan. Duermo a veces sobre la maquinaria, imaginando que consigo un buen trabajo y me compro unos tenis nuevos. A nadie le gusta oírme cantar. Soy invisible. Eso, a veces, me conviene. Pero la invisibilidad me hunde en un mundo irreal.

Ya no sé quién soy ni quién seré. Perdí el ser. Perdí el tiempo, perdí mi vida.

Caí a las vías del metro. No recuerdo cómo se sintió. Después de todo, cuando eres alguien como yo, ya no sientes nada. No pude salvar a mi amigo. Le fallé, como he fallado a todos. Pero eso no importa. Ahora soy el hombre muerto de las vías. Hoy todos llegarán tarde, y tal vez lo merezcan. Es bueno ser yo.



Comentarios

Entradas populares